Una montaña, una gran montaña que cambia, que va cambiando con el tiempo.
El cielo. El cielo azul.
Lo que no se ve y lo que se ve.
El sol, es algo único.
El agua, hace que me sienta bien.
El capitán Ikari.
Las flores. Hay muchas iguales, y muchas innecesarias.
El cielo. Rojo. El cielo rojo.
El color rojo. No me gusta el color rojo.
El agua que fluye.
La sangre, el olor de la sangre, la mujer por la que no fluye la sangre.
El ser humano que fue creado con barro rojo.
El ser humano que nació de un hombre y una mujer.
La ciudad, construida por los seres humanos. El EVA, construidos por los seres humanos.
¿Qué es el ser humano?
Es una creación de Dios, ¿el ser humano es una creación del ser humano?
Lo que hay dentro de mi es la vida, el corazón, el recipiente del corazón, la cápsula, es el descanso del alma.
¿Quién es esa? Esa soy yo.
¿Quién soy yo?
¿Qué soy yo?
¿Qué soy yo?
¿Qué soy yo?
¿Qué soy yo?
¿Yo soy yo?
Este ser soy yo, la forma de mi cuerpo.
Soy yo quien ve con mis ojos, pero me siento como si no lo fuera, qué extraño, siento que voy a fundirme, que voy a perderme yo misma.
Mi forma está desapareciendo.
Siento como si fuera alguien que no soy yo.
¿Hay alguien más adelante?
¿Ikari?
Conozco a esa mujer, es Katsuragi, la doctora, Kaji, todos, los compañeros, la piloto del nº2, el capitán Ikari.
¿Quién eres tú?
¿Quién eres tú?
¿Quién eres tú...?
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Amo el sonido del agua.
Amo el sonido del ser humano.
El sonido que éste provoca, el sonido de lo que crea, el sonido de sus pensamientos, de sus ideas, de sus invenciones.
Pacifico, como el océano.
Sereno, como el agua.
Relativo, como el alma.
El ser humano, una gota de agua. Los seres humanos, gemelos de su mismo mar.
El agua que serena permanece en su estado sólido. Quieta, inmóvil.
Al tener contacto con otro material, ésta se rebela e interrumpe su serena quietud. Se mueve, despacio, pero se mueve. Se libera, se da vida.
¡Y más aún cuando el efecto del encuentro es mayor!
Más movimiento, más libertad, más vida.
Así le sucede al humano.
Permanecemos en nuestro estado nativo hasta que iniciamos contacto con otro de los nuestros, otro gemelo, otra gota de agua.
Más grande, quizás. Más estable. Más sucia, o más limpia. Originaria de otro lugar.
Pero al fin y al cabo, otra gota de agua, otro humano más.
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No es que haya acabado de descubrir aquel “poema” de Rei Ayanami, pero es que no sé... ando rara.
Tenía ganas de escribir esa cosa de arriba...
Ayer estuve estupideando con una botella de agua, grabando los sonidos con el celular...
Me encanta tanto...
Si tan sólo pudiera pasármela horas bajo la lluvia, en vez de tan sólo contemplar su fría belleza a través de la ventana, y oyendo su pacífico sonido como la música que es para mis oídos...
Y sobre todo el esta época, en el verano. Tan indispensable, y aún así la seguimos desperdiciando.
Y entre más derrochamos el agua, más se aleja nuestro bienestar.
Mientras más la arruinamos, más nos destruimos a nosotros mismos.
Porque eso somos, agua, gotas de agua. Todas en el mismo mar.
Y al gastarla, nos gastamos.
Y al gastar nuestro hogar, el mar, destruímos el mundo. ~